La habitación a cargo de su tarjetaEn recepción, Natalia todavía sonreía cuando el empleado preguntó si la extensión de la estancia debía cargarse otra vez a la tarjeta del señor Delacroix.
Una mesa con testigosEl jueves siguiente, Natalia llegó lo bastante temprano para elegir las sillas. Quería a Dandara a su lado, donde escuchar una frase obligara a acercarse. La lámpara le iluminaría la cara; el espejo detrás de las botellas le daría a Marcus sin necesidad de girar la cabeza. Comprobó el reflejo, acomodó la blusa crema en el hombro y dejó un brazo sobre el respaldo de la silla vacía.