La plantaAutoConnect Brasil ocupaba los pisos ocho al doce de una torre mediana en Avenida Paulista. El vestíbulo era vidrio y cromo, pensado para impresionar inversores. La planta de desarrollo era otra cosa.
El puenteLeo Ferreira esperaba en un café a dos cuadras de AutoConnect, con una taza de espresso ya vacía. Se levantó cuando llegó Stefan: delgado, relajado, vestido con el uniforme informal del Valle —sudadera y zapatillas— que se veía un poco fuera de sitio en el distrito empresarial de São Paulo.