En el mismo pisoCíntia volvió del estacionamiento el lunes por la tarde con la llave del vehículo enganchada al pantalón de mezclilla.
Lo que costó el éxitoEl lunes, Klaus leyó la cláusula 9 tres veces antes de sacar el folleto de la exposición de debajo del contrato. Una mancha de café marcaba una esquina. Lo alisó con el pulgar, recordando las pulseras de Thaís contra su muñeca, y lo guardó a salvo en la libreta. La cláusula no había cambiado.